A MODO DE UNA OCCIDENTALIZADA ORIENTACIÓN

Mixturando, eclécticamente, algunos preceptos extraídos de la Biblia y del calefón con 3 partes de Macedoniana porfía, un toque justo de inmersión Jungiana y 4 gotas de Xulsolariana elevación mas el sumo de todo un Lao Tsé en pleno. En epifánica unción, alzamos las copas con el genial brevaje e invitamos a
Tristán Tzara y Alfred Jarry para que nos acompañen a presentarnos con la misma interjección con que comenzara su parlamento el Père Ubú, a la sazón Roi, es decir:









BIENVENIDOS A LA NAVEGACIÓN







Alertamos a los atildados sobre la utilización de metáforas azarosas. Toda libre asociación es demostración de que existe el inconsciente; sobre él desligamos responsabilidades.







Invitamos a descabalgarnos del constante absoluto, las certezas irreversibles, la presunción de objetividad, las posturas a ultranza y los dogmatismos.







Sugerimos tratar de tolerar lo mejor posible el vacío existencial, el tembladeral de la duda, la desubicación de la contradicción, la subjetividad y la vulnerabilidad humanas, a sabiendas de que, aunque denunciemos con cierta queja, lo hacemos enmarcados por el amor y con un fuerte deseo libertario porque:











."...Tú y yo no somos dos mitades de una inútil batalla,/ ni siquiera dos caras acuñadas por la misma derrota,/sino tal vez una pequeña parte de algún huésped sin número y sin rostro, que aguarda en el umbral."







Olga Orozco







Corre sobre los muelles - Museo Salvaje - 1974 -











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martes, 8 de junio de 2010

4 comentarios:

Flamenco Rojo dijo...

Una lágrima...una furtiva lágrima.

¡Qué me gusta Dulce Pontes!

Un abrazo.

catherine dijo...

Yo que veía un motivo mudéjar o persa y intentaba descifrar el texto. Escuchar, sólo escuchar.
¡Qué música! ¡Qué voz!
¡Qué Dulce saudad!

Isolda dijo...

En esta parte del planeta llueve, como tu lágrima de sal, de perfume, de besos, de fados. Melancolía en estado puro. Maridaje perfecto con Dulce Pontes.

He decubierto definiciones maravillosas de melancolía, en Estambul, de Orhan Pamuk.

Besos condensados, querido.

Adrian Dorado dijo...

Habéis dado en el mismísimo clavo de la gota. Abrazos y besos