(Para Isolda Y LauraO)
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POESIA VERTICAL - ANTOLOGIA ESENCIAL -
86
Me están dictando cosas,
pero no desde otro mundo u otros seres,
sino, más humildemente, desde adentro.
Pero ¿Quién está adentro,
además de estar yo?
¿O tal vez no estoy yo
y he dejado mi lugar
para que otro me dicte?
Si esto es así,
no importa que el dictado
no lo comprenda nadie.
No importa ni siquiera
que lo comprenda yo.
Ser no es comprender.
martes, 26 de julio de 2011
domingo, 24 de julio de 2011
miércoles, 20 de julio de 2011
RESONANCIA MAGNETOFONOVISUAL
Hoy retiré unas imágenes de una resonancia magnética de mi descuajeringada columna y me sorprende cómo decodificamos con diferentes lecturas la existencia.
Me estoy refieriendo a las formas- se me antojan "textos"- que conlleva la imagen.
¿Qué es lo que leen los especialistas médicos a través de un código secreto que solamente ellos entienden?
¿No son "textos", también, entretejidos de signos, información, a los efectos médicos y terapéuticos ?
Obviamente, pero que, en sí mismos, son otro tipo más de escrituras muy similares en rareza a los códigos de los circuitos impresos que, para mí también, son otras formas de la escritura pues datos al fin que, transmitidos (comunicados), en otros códigos tan indescifrables para la gente común, como son los jeroglíficos mayas o los egipcios... o los cuneiformes babilónicos, o los dibujos inconscientes mientras hablamos telefónicamente.
¿No los dotamos de valores estéticos, acaso?
No forman parte de las tramas con las cuales la existencia decodifica, a través nuestro (que formamos parte de ella), sus propias estructuras?.
Y entonces, también visualizo - en simultaneidad - como es que para muchos existe la estupidez contundente de los espejitos de colores que, contextualizados con montajes escenográficos, también utilizan códigos adecuados para el manejo conductual, masivo.
No son acaso, ellos, signos de estos tiempos también?
Y cuán interesante me parece que es la decodificación de las manipulaciones de la opresión. Como se organizan empresas en función de estos fines, asesores de imagen, marketineros puestos a la política...
Y, a su vez, como respuesta, cómo se altera, entonces, la inmediatez resolutiva del arte contemporáneo... la velocidad del cambio.
Cómo se juega, hoy, la tragicomedia entre Eros y Thanatos.
Cada vez creo con mayor certeza que la única salida para el occidental contemporáneo es el arte.
Por ese último bastión hemos de jugarnos el todo por el todo puesto que, maquillado el arte, travestido en nada, ahí sí que se cumpliran los destinos de "carne de hamburguesas" que tienen para nuestra regresión total, los dueños del exacerbado canibalismo.
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click sobre la imagen para agrandar y verla en su dimension real
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martes, 19 de julio de 2011
DIBUJITOS INCONSCIENTES
Reviendo los cuadernitos de un diario que llevaba por aquel entonces
(1980) aparecen dibujitos y textos que incluiré en la muestra retroprospectiva
"TRiú ôsKLEM `iP¿"
Éste uno de ellos
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lunes, 18 de julio de 2011
domingo, 17 de julio de 2011
viernes, 15 de julio de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
IN VINO VERITAS
- Técnicas mixtas, caña, alambre, hilos teñidos con vino y papel sobre tela plástica ("media sombra") estucada-
1 x 1 mts.
2011
Obra realizada cumpliendo con la invitación que me hiciera el MUMBAT - Museo de Bellas Artes de Tandil - para integrar la exposición de artistas trabajando con vino como materia pictórica.
La muestra se realiza en oportunidad de una degustación organizada por bodegueros argentinos.
El matrimonio del arte con el vino me parece excelente en todas sus posibilidades.
De más está decir que me fue imposible realizar el trabajo sin su compañía, solo que el brebaje que ingerí era de mucho mejor calidad que el usado en la pintura que, dicho sea de paso debí hacer (con él) tinturas por concentración a partir de fuego. En una de ellas me olvidé que estaba hirviendo y concluyó en un carbón cristalizado (supongo que sería el azúcar pues era verdaderamente pringoso) que luego molí y disolví en alcohol y agua logrando, así, los tonos mas negruzcos del trabajo.
martes, 12 de julio de 2011
LA MITAD
› Por Fito Páez *
Nunca Buenos Aires estuvo menos misteriosa que hoy. Nunca estuvo más lejos de ser esa ciudad deseada por todos. Hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de globos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los porteños le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A la mitad de los porteños le encanta aparentar más que ser. No porque no puedan. Es que no quieren ser. Y lo que esa mitad está siendo o en lo que se está transformando, cada vez con más vehemencia desde hace unas décadas, repugna. Hablo por la aplastante mayoría macrista que se impuso con el límpido voto republicano, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que “no votaron a Menem la segunda vez”, por la vergüenza que implica saberse mezquinos.
Aquí la mitad de los porteños prefiere seguir intentando resolver el mundo desde las mesas de los bares, los taxis, atontándose cada vez más con profetas del vacío disfrazados de entretenedores familiares televisivos porque “a la gente le gusta divertirse”, asistir a cualquier evento público a cambio de aparecer en una fotografía en revistas de ¿moda?, sentirse molesto ante cualquier idea ligada a los derechos humanos, casi como si se hablara de “lo que no se puede nombrar” o pasar el día tuiteando estupideces que no le interesan a nadie. Mirar para otro lado si es necesario y afecta los intereses morales y económicos del jefe de la tribu y siempre, siempre hacer caso a lo que mandan Dios y las buenas costumbres.
Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo. Es difícil de diagnosticarse algo tan pesado. Pero por el momento no cabe otra. Dícese así: “Repulsión por la mitad de una ciudad que supo ser maravillosa con gente maravillosa”, “efecto de decepción profunda ante la necedad general de una ciudad que supo ser modelo de casa y vanguardia en el mundo entero”, “acceso de risa histérica que aniquila el humor y conduce a la sicosis”, “efecto manicomio”. Siento que el cuerpo celeste de la ciudad se retuerce en arcadas al ver a toda esta jauría de ineptos e incapaces llevar por sus calles una corona de oro, que hoy les corresponde por el voto popular pero que no está hecha a su medida.
No quiero eufemismos.
Buenos Aires quiere un gobierno de derechas. Pero de derechas con paperas. Simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina, que no van a entregar tan fácilmente lo que siempre tuvieron: las riendas del dolor, la ignorancia y la hipocresía de este país. Gente con ideas para pocos. Gente egoísta. Gente sin swing. Eso es lo que la mitad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quiere para sí misma.
* Vecino de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Nunca Buenos Aires estuvo menos misteriosa que hoy. Nunca estuvo más lejos de ser esa ciudad deseada por todos. Hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de globos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los porteños le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A la mitad de los porteños le encanta aparentar más que ser. No porque no puedan. Es que no quieren ser. Y lo que esa mitad está siendo o en lo que se está transformando, cada vez con más vehemencia desde hace unas décadas, repugna. Hablo por la aplastante mayoría macrista que se impuso con el límpido voto republicano, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que “no votaron a Menem la segunda vez”, por la vergüenza que implica saberse mezquinos.
Aquí la mitad de los porteños prefiere seguir intentando resolver el mundo desde las mesas de los bares, los taxis, atontándose cada vez más con profetas del vacío disfrazados de entretenedores familiares televisivos porque “a la gente le gusta divertirse”, asistir a cualquier evento público a cambio de aparecer en una fotografía en revistas de ¿moda?, sentirse molesto ante cualquier idea ligada a los derechos humanos, casi como si se hablara de “lo que no se puede nombrar” o pasar el día tuiteando estupideces que no le interesan a nadie. Mirar para otro lado si es necesario y afecta los intereses morales y económicos del jefe de la tribu y siempre, siempre hacer caso a lo que mandan Dios y las buenas costumbres.
Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo. Es difícil de diagnosticarse algo tan pesado. Pero por el momento no cabe otra. Dícese así: “Repulsión por la mitad de una ciudad que supo ser maravillosa con gente maravillosa”, “efecto de decepción profunda ante la necedad general de una ciudad que supo ser modelo de casa y vanguardia en el mundo entero”, “acceso de risa histérica que aniquila el humor y conduce a la sicosis”, “efecto manicomio”. Siento que el cuerpo celeste de la ciudad se retuerce en arcadas al ver a toda esta jauría de ineptos e incapaces llevar por sus calles una corona de oro, que hoy les corresponde por el voto popular pero que no está hecha a su medida.
No quiero eufemismos.
Buenos Aires quiere un gobierno de derechas. Pero de derechas con paperas. Simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina, que no van a entregar tan fácilmente lo que siempre tuvieron: las riendas del dolor, la ignorancia y la hipocresía de este país. Gente con ideas para pocos. Gente egoísta. Gente sin swing. Eso es lo que la mitad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quiere para sí misma.
* Vecino de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
domingo, 10 de julio de 2011
sábado, 9 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
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