A MODO DE UNA OCCIDENTALIZADA ORIENTACIÓN

Mixturando, eclécticamente, algunos preceptos extraídos de la Biblia y del calefón con 3 partes de Macedoniana porfía, un toque justo de inmersión Jungiana y 4 gotas de Xulsolariana elevación mas el sumo de todo un Lao Tsé en pleno. En epifánica unción, alzamos las copas con el genial brevaje e invitamos a
Tristán Tzara y Alfred Jarry para que nos acompañen a presentarnos con la misma interjección con que comenzara su parlamento el Père Ubú, a la sazón Roi, es decir:









BIENVENIDOS A LA NAVEGACIÓN







Alertamos a los atildados sobre la utilización de metáforas azarosas. Toda libre asociación es demostración de que existe el inconsciente; sobre él desligamos responsabilidades.







Invitamos a descabalgarnos del constante absoluto, las certezas irreversibles, la presunción de objetividad, las posturas a ultranza y los dogmatismos.







Sugerimos tratar de tolerar lo mejor posible el vacío existencial, el tembladeral de la duda, la desubicación de la contradicción, la subjetividad y la vulnerabilidad humanas, a sabiendas de que, aunque denunciemos con cierta queja, lo hacemos enmarcados por el amor y con un fuerte deseo libertario porque:











."...Tú y yo no somos dos mitades de una inútil batalla,/ ni siquiera dos caras acuñadas por la misma derrota,/sino tal vez una pequeña parte de algún huésped sin número y sin rostro, que aguarda en el umbral."







Olga Orozco







Corre sobre los muelles - Museo Salvaje - 1974 -











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martes, 31 de marzo de 2009

PSICODRAMA, ARTE Y LITERATURA “Su máxima rostridad”
El psicodrama, el drama, la literatura, la pintura, los territorios de infancia, las cuerdas de los cuerpos de los padres, las historias no contadas, la escritura del cuerpo, la voz de la madre y la piel morocha, en un texto múltiple de Tato Pavlovsky. En un laboratorio dramático en Costa Rica, en 1991, un actor se levantó a multiplicar: ató a ambos extremos de unas telas que utilizaba como cuerdas a sus “padres”. Sus “padres” quedaban a cinco metros de distancia a su derecha y a su izquierda respectivamente. El manejaba “las cuerdas”. Los padres permanecían atados por el cuello a las cuerdas. Comenzó a “tirar de las cuerdas” muy lentamente de cada lado. De modo que el “padre” y la “madre” eran atraídos hacia su cuerpo cada vez que él tiraba de las cuerdas. La lentitud era asombrosa. Los padres eran traídos muy despaciosamente hacia el cuerpo del “hijo”. Es probable que la multiplicación haya durado diez minutos, en tiempo cronológico. El tiempo de duración era imposible de evaluar. Los “cuerpos de los padres” finalmente quedaban próximos al cuerpo del hijo. Fue la multiplicación más violenta que observé en mi vida. Era la violencia de la pura imagen. La imagen misma transmitía violencia pura. Pero nada era ostensiblemente violento en la escena. La imagen distorsionada transmitía una violencia desgarradora. Cuando le preguntaron al protagonista qué relación existía entre la multiplicación y la relación personal con sus verdaderos padres contestó: “No pensé en mis padres. Sólo en el placer que me producía en las manos el tirar de ambos extremos de la cuerda”. La tensión producía otro campo de velocidades. El actor estaba explorando los tiempos de la creación. Lo intrínseco del proceso creativo: la máxima lentitud como máxima velocidad (Bob Wilson). Las multiplicaciones más creativas no tratan de explicar nada ni de interpretar nada. Sólo hablan de devenires; de desbloqueos, de intensidades; de líneas de fuga; de nuevos territorios, de nuevas formas de ser en los grupos; de velocidades, de lo no inteligible, de opacidades. De afectos alegres. Son puro devenir de experimentación. Atentos a los devenires animales. Las multiplicaciones dramáticas son velocidades, ritmos, desbloqueos de intensidades del protagonista. ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: . . Bacon con Locche . Yo quiero una imagen muy ordenada pero quiero que venga por azar. (Francis Bacon) Quieres que una cosa sea lo más real posible y al mismo tiempo profundamente sugestiva o que abra profundamente áreas de sensación distintas de la simple representación del objeto que pretendes hacer, ¿no consiste en eso todo arte? ¿Por qué no quiero contar una historia? No es que no quiera contar una historia pero deseo profundamente hacer lo que dijo Valéry: transmitir la sensación sin el aburrimiento de la transmisión. Y en cuanto aparece la historia y su explicación aparece el aburrimiento. (F. B.) Considero que esta violencia de mi vida, la violencia entre la que he vivido, es diferente de la violencia de la pintura; cuando se habla de la violencia de la pintura es algo que no tiene nada que ver con la violencia de la guerra. (F. B.) La violencia de las sugerencias dentro de una imagen misma que sólo puede transmitirse a través de la pintura. (F. B.) Yo siempre estoy intentando romper el proceso. La mitad de mi actividad como pintor es romper lo que puedo hacer con facilidad. (F. B.) Quería una imagen que coagulase esta sensación de dos personas realizando un tipo de acto sexual sobre la cama, pero me quedé completamente en el vacío y lo dejé todo a las pinceladas al azar que hago constantemente y entonces sí di con lo que se llama forma concreta. (F. B.) No obtuvo con las estrías de su experiencia de su historia de recuerdos de otras historias de hombres reinventó al azar (cuerpo sin órganos) las pinceladas que lo hicieron sorprenderse. Esto se llama imaginación técnica. Existe un azar técnico. Las multiplicaciones azarosas, las no representativas, las que experimentan los nuevos sentidos y las nuevas imágenes que traen nuevos sentidos. Las puro cuerpo sin órganos son pura imaginación técnica. En cada esquive azaroso de Nicolino Locche estaba inscripta su imaginación técnica. Pero cada esquive azaroso tiene que suspender de lado momentáneamente un “saber”. Y cada esquive azaroso está inscripto sobre una rigurosa artesanía previa. El coordinador tiene momentáneamente que suspender su saber. En la imaginación técnica azarosa del trabajo de Bacon hay una férrea formación. Nos referimos a que las férreas formaciones a veces se oponen a los nuevos devenires. Estamos siempre en las nuevas subjetividades a producir en una heterogeneidad real. ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: . . No ser Brando Un director debiera devenir cada vez más imperceptible, indiscernible e impersonal. Si así fuera, uno sería como la hierba creando una multitud. Su subjetividad no es él, lo que él siente, sino lo que es capaz de dejar pasar a su través. Todos los flujos e intensidades posibles. Ha suprimido de sí mismo todo lo que le impedía circular entre las cosas y crecer en medio de ellas. Momentáneamente ha desaparecido, al permanecer allí, inmóvil. Pero cuánto movimiento debiera haber en su quietud. Para desaparecer tranquilo, tiene que haber desarrollado un estilo; haber creado su singularidad. Dice Bernardo Bertolucci sobre la actuación de Marlon Brando en El último tango en París: “Cuanto más intenta no ser Brando, más es Brando, y más matices logra transmitir”. Cuando Marlon Brando acude a su propio estilo, a su máxima rostridad, a su máxima singularidad, brota de él un abanico de devenires. Cada gesto, cada pausa es una pequeña usina de nuevos espacios tiempos y, paradójicamente, cuanto más lo reconocemos es cuando más ha sido capaz de desaparecer de sí mismo para devenir austeramente otros en sus líneas abstractas. Parece contradictorio: cuanto más acudo a mi propio estilo, más puedo desaparecer. :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: . . Territorios de infancia El recuerdo realiza una territorialización de la infancia. Pero el bloque de infancia funciona de otra manera: es la única y verdadera vida del niño, es desterritorializante, se desplaza en el tiempo, con el tiempo, para reactivar los deseos y hacer que se multipliquen sus conexiones; es intensivo e incluso en las intensidades más bajas hace resurgir de ellas una alta. El niño no deja de reterritorializarse en sus padres: es que tiene necesidad de intensidades bajas. Pero en sus actividades, como en sus pasiones, el niño es al mismo tiempo el más desterritorializado y el más desterritorializante. De esta manera forma un bloque de desterritorialización que se desplaza con el tiempo, en la línea recta del tiempo, que viene a reanimar al adulto como se reanima una marioneta y le reinyecta conexiones vivas. Seguramente los niños no viven como nuestros recuerdos de adultos nos hacen creer, ni siquiera como ellos lo creen según sus propios recuerdos casi contemporáneos de lo que hacen. El recuerdo dice ¡madre-padre!, pero el bloque de infancia está en otro lado, en intensidades más altas que el niño compone con sus hermanos, sus amigos y sus trabajos y sus juegos y todos los personajes no familiares en los cuales desterritorializa a sus padres cada vez que puede. (Gilles Deleuze, Una literatura menor. Kafka) Muchas veces las multiplicaciones dramáticas funcionan como bloques de infancia que se desbloquean, a través de otras facilitadoras multiplicaciones previas. La inhibición personal da lugar a una multiplicación que por su intensidad sorprende al mismo protagonista, al establecer nuevas conexiones, nuevos ritmos, nuevas potencias y nuevas composiciones con otros integrantes. Des-bloqueos de la infancia, que no tienen valor de interpretación, sino de facilitar al máximo su despliegue con sus conexiones y territorios, en el campo de la experimentación pura. Estos despliegues de bloque o segmento de infancia producen muchas veces reactivaciones de los deseos y nuevas máquinas deseantes. No es cuestión de recordar la infancia, sino de permitir desplegar el bloque en toda su intensidad. No se trata de representar “al niño”. Es un acto de sobriedad sin recuerdo en el cual el adulto es apresado en un bloque de infancia, sin dejar de ser adulto, como el niño puede ser apresado en un bloque de adulto sin dejar de ser niño (Deleuze). Ni es tampoco un intercambio de papeles. También puede ocurrir que se evoque un recuerdo infantil y luego se despliegue un bloque de infancia inesperado e intempestivo en la multiplicación. :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: . . Descansa hijo Descansa hijo que mereces descansar y enterrar mi cuerpo que ya huele ayúdame a morir en paz para que entonces mi voz siga hablando siempre por todos lados hacia donde a través no soy sólo tu madre madre de madres sin tiempo en tu cuerpo que fabrica mi voz en cada día en cada una de tus células. Descansa hijo te quiero mamá aunque ya los destrozos me impidan reconocerte descansa hijo no sé si estoy arrepentido lo olvidé lo olvidé si hice bien o hice mal si pequé o soy inocente descansa hijo que yo seguiré hablando mientras pueda disculpa mamá descansa hijo. (De la obra El Cardenal, Ed. Búsqueda) :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: . . Escribo con mi cuerpo Deleuze dice que el pensamiento comienza con un robo. El robo de la transparencia el robo de la intencionalidad robar la escena ante todo es robarle la linealidad transparencia la posesión al sujeto de un sentido. Lo otro de la escena es el no relato de la escena lo que no puede ser apresado; no puede ser pensado y ésa es una ética, además. Cuando escribo una obra de teatro se torna representable en realidad el personaje escrito es pura representación. Cuando ensayo como actor exploro con mi cuerpo las diferentes velocidades y ritmos del personaje. Potencio fragmentos que descubro en la textura de la actuación. Creo que este proceso de búsqueda “opaquiza” la transparencia que posee el personaje escrito. Le robo entonces transparencia intencionalidad linealidad. Mi cuerpo a través de algún accidente (Bacon) busca lo no representable, lo “otro” de la escena. La búsqueda es para no quedar capturado en la dimensión de la representación pura, me sumerjo en la estética de la multiplicidad. El cuerpo registra otras potencias rítmicas que desconocía cuando la escribí. Creo que cuando actúo estoy experimentando, estoy escribiendo con mi cuerpo un texto de goce. El lugar del actor es el descubrimiento del texto de goce. No de placer. Texto de placer: el que contenta colma, da euforia; proviene de la cultura, no rompe con ella y está ligado a una práctica confortable de la lectura. Texto de goce: el que pone en estado de pérdida, desacomoda (tal vez incluso hasta una forma de aburrimiento), hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector, la consistencia de sus valores y de sus recuerdos pone en crisis su relación con el lenguaje: Beckett, Kafka. (Roland Barthes) El actor extrae el texto de goce de la representación del texto de placer. Pero para descubrir el texto de goce hay que dejarse atravesar como cuerpo sin órganos. Para este trabajo hay que ser riguroso, nada se deja librado a la pura espontaneidad. Lo que surge en el escenario es un riguroso trabajo de experimentación. Lo importante no es descubrir al personaje sino a sus diferentes devenires existenciales, arrancar del tiempo convención, del espacio convención, del tiempo homogéneo y el espacio homogéneo el espacio preextensivo, el tiempo como acontecimiento. Esto es el devenir. Lo que en la multiplicación ocurre también es el robo de la transparencia de la explicación clara, lo lineal de la historia, el relato unificado, el verosímil del paciente. No narran La multiplicación es rica en su molecularidad. Por su “entre”. Son los intersticios del protagonista. Sus desechos; sus voces desconocidas. Su opacidad. Las multiplicaciones dramáticas, cuando son efímeras, son verdaderas máquinas expresivas de intensidades. Cuando no narran. Cuando no son metafóricas. Las multiplicaciones metafóricas siempre tienen una “red” que las protege, alguna explicación que se insinúa. Están a salvo. No están en el aire como el viaje esquizo de las multiplicaciones efímeras cuando están sostenidas sólo por sus intensidades y sus huidas. Esa huida se realiza en el mismo lugar de intensidad. Tienen poco movimiento. Son generalmente sedentarias. No narran. Son rápidas. “Sólo tiene el espacio que pisa su único punto de apoyo, es el que puede cubrir sus dos manos, así pues, mucho menos que el trapecista del music-hall a quien, por lo menos, le pusieron una red debajo.” (Franz Kafka) Las multiplicaciones efímeras tienen la austeridad despoblada del teatro de Beckett. Nadie imita al sujeto. Son todos diferentes devenires. Devenir niño devenir mujer devenir viejo devenir papá. Devenires que están bloqueados. ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: . . Contraste Cuando la electricidad se introducía en la piel morena del extraño –en pleno momento de lo indecible de la gritería en aquel idioma tan horrible como incomprensible– el muchacho tenía siempre su bella erección que nunca pudo detener... aunque lo intentó... Hubo también una primera vez recuerdo de haberse dejado caer los pantalones sus pantalones: su semen blanco sobre la piel morena la belleza blanca sobre la tez morena blanqueaba el blanco de su semen sobre el extraño hombre que no entendía y a veces hasta dejaba de gritar... por instantes incapaz de entender la ceremonia. Nunca recuerda haber tenido erecciones tan fuertes si alguna otra vez las tuvo... no recuerda... no tiene imágenes... tal vez el diferente color de la piel... el olor... siempre quiso olvidar. Sólo el recuerdo de la patria de la belleza apolínea... del orgullo de nación de su belleza sólo podía recordar conceptos pero la nitidez de lo otro - del semen blanco en la tez morena eso nunca lo podía olvidar... todo lo demás una nebulosa de concepto - no era... eso todo lo demás - no era no existía como imagen aquel maravilloso contacto entre su semen blanco y la tez morena - la implacabilidad del contraste ... Hoy ese recuerdo - la nitidez - lo digo - que alguien lo comparta - que no diga nada - que no se atreva a mirarme ahora me estoy yendo... no sé bien dónde porque mi cuerpo duele tal vez menos sólo si es posible tal vez dios lo sabe sólo dios lo sabe... (Fragmento teatral inédito.) . XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

lunes, 30 de marzo de 2009

LAS INFINITAS FORMAS DE LA POESIA
Un film de Constantin Pilavios de 5:31 minutos
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jueves, 26 de marzo de 2009

: : : : : : : : : : : : : : : EL OTRO POR SI MISMO : : : Jean Baudrillard : : : Inmersos en una sociedad dominada por el éxtasis de la comunicación, sólo existimos como terminales de múltiples redes: nuestro cuerpo se vuelve inútil y obsoleto, pierde su carácter de metáfora para precipitarse en una enloquecida metástasis. Se deja paso a la obscenidad de lo demasiado visible, de lo que no tiene secreto, de lo enteramente soluble: universo transparente, saturado superficialmente y aniquilador de los espacios intersticiales. El delirio comunicativo apareja en un sujeto un permanente estado de fascinación y vértigo: extravierte toda subjetividad e introyecta toda objetividad, resolviendo así, de modo esquizofrénico, un mundo relacional y promiscuo donde la proximidad absoluta e instantánea de las cosas vuelve ilusoria la existencia de los mundos privados… No somos más que pura pantalla, pura superficie de absorción y reabsorción de informaciones… ¿Existimos realmente? Moderna obsesión del sujeto conminado en cada momento a probar, ante sí mismo, su existencia. Y ante nosotros, la seducción fatal de las cosas, liberadas del sentido que las agobia, invitándonos al juego de los simulacros y de las estrategias: si el discurso de la Verdad es imposible, sólo las apariencias puras mantienen incólumne el secreto de las cosas como regla de juego, forma iniciática, pacto simbólico sin ninguna clave interpretativa.- :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
TRANSESTÉTICA
Texto extraído del libro “La transparencia del mal”
(Ensayo sobre los fenómenos extremos), Jean Baudrillard, Págs. 20/25;
editorial Anagrama, Barcelona, España.
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Vemos proliferar el Arte por todas partes, y más rápidamente aún el discurso sobre el Arte. Pero en lo que sería su genio propio, su aventura, su poder de ilusión, su capacidad de denegación de lo real y de oponer a lo real otro escenario en el que las cosas obedecieran a una regla de juego superior; una figura trascendente en la que los seres, a imagen de las líneas y colores en una tela, pudieran perder su sentido, superar su propio final y, en un impulso de seducción, alcanzar su forma ideal, aunque fuera la de su propia destrucción, en esos sentidos, digo, el Arte ha desaparecido. Ha desaparecido como pacto simbólico por el cual se diferencia de la pura y simple producción de valores estéticos que conocemos bajo el nombre de cultura: proliferación hacia el infinito de los signos, reciclaje de formas pasadas y actuales. Ya no existe regla fundamental, criterio de juicio ni de placer. Hoy, en el campo estético, ya no existe un Dios que reconozca a los suyos. 0, según otra metáfora, ya no existe un patrón-oro del juicio y el placer estéticos. Le ocurre lo mismo que a las divisas: actualmente ya no pueden intercambiarse y cada una de ellas flota por sí misma, sin conversión posible en valor o en riqueza reales. El arte se halla en la misma situación: en la fase de una circulación super rápida y de un intercambio imposible. La «obras» ya no se intercambian, ni entre sí ni en valor referencial. Ya no tienen la complicidad secreta que constituye la fuerza de una cultura. Ya no las leemos, sólo las decodificamos de acuerdo con unos criterios cada vez más contradictorios. En el arte nada se contradice. La Neo-Geometría, el Nuevo Expresionismo, la Nueva Abstracción, la Nueva Figuración, todo coexiste maravillosamente en una indiferencia total. Como todas esas tendencias carecen de genio propio, pueden coexistir en un mismo espacio cultural. Como suscitan en nosotros una indiferencia profunda, podemos aceptarlas simultáneamente. El mundo artístico ofrece un aspecto extraño. Es como si hubiera una estasis del arte y de la inspiración. Es como si lo que se había desarrollado magníficamente durante varios siglos se hubiera inmovilizado súbitamente, petrificado por su propia imagen y su propia riqueza. Detrás de todo el movimiento convulsivo del arte contemporáneo existe una especie de inercia, algo que ya no consigue superarse y que gira sobre sí en una recurrencia cada vez más rápida. Estasis de la forma viva del arte y, al mismo tiempo, proliferación, inflación tumultuosa, variaciones múltiples sobre todas las formas anteriores (la vida motor de lo que ha muerto). Todo ello es lógico: allí donde hay estasis, hay metástasis. Allí donde deja de ordenarse una forma viviente, allí donde deja de funcionar una regla de juego genético (en el cáncer), las células comienzan a proliferar en el desorden. En el fondo, dentro del desorden actual del arte podría leerse una ruptura del código secreto de la estética, de igual manera que en determinados desórdenes biológicos puede leerse una ruptura del código genético. A través de la liberación de las formas, las líneas, los colores y las concepciones estéticas, a través de la mezcla de todas las culturas y de todos los estilos, nuestra sociedad ha producido una estetización general, una promoción de todas las formas de cultura sin olvidar las formas de anticultura, una asunción de todos los modelos de representación y de antirrepresentación. Si en el fondo el arte sólo era una utopía, es decir, algo que escapa a cualquier realización, hoy esta utopía se ha realizado plenamente: a través de los media, la informática, el vídeo, todo el mundo se ha vuelto potencialmente creativo. Incluso el antiarte, la más radical de las utopías artísticas, se ha visto realizado a partir del momento en que Duchamp instaló su portabotellas y de que Andy Warhol deseó convertirse en una máquina. Toda la maquinaria industrial del mundo se ha visto estetizada, toda la insignificancia del mundo se ha visto transfigurada por la estética. Se dice que la gran tarea de Occidente ha sido la mercatilización del mundo, haberlo entregado todo al destino de la mercancía. Convendría decir más bien que ha sido la estetización del mundo, su puesta en escena cosmopolita, su puesta en imágenes, su organización semiológica. Lo que estamos presenciando más allá del materialismo mercantil es una semiurgia de todas las cosas a través de la publicidad, los media, las imágenes. Hasta lo más marginal y lo más banal, incluso lo más obsceno, se estetiza, se culturaliza, se museifica. Todo se dice, todo se expresa, todo adquiere fuerza o manera de signo. El sistema funciona menos gracias a la plusvalía de la mercancía que a la plusvalía estética del signo. Con el minimal art, el arte conceptual, el arte efímero, el antiarte, se habla de desmaterialización del arte, de toda una estética de la transparencia, de la desaparición y de la desencarnación, pero en realidad es la estética la que se ha materializado en todas partes bajo forma operacional. A ello se debe, además, que el arte se haya visto forzado a hacerse minimal, a interpretar su propia desaparición. Lleva un siglo haciéndolo, obedeciendo todas las reglas del juego. Intenta, como todas las formas que desaparecen, reduplicarse en la simulación, pero no tardará en borrarse totalmente, abandonando el campo al inmenso museo artificial y a la publicidad desencadenada. Vértigo ecléctico de las formas, vértigo ecléctico de los placeres: ésta era ya la figura del barroco. Pero, en el barroco, el vértigo del artificio también es un vértigo carnal. Al igual que los barrocos, somos creadores desenfrenados de imágenes, pero en secreto somos iconoclastas. No aquellos que destruyen las imágenes sino aquellos que fabrican una profusión de imágenes donde no hay nada que ver. La mayoría de las imágenes contemporáneas, video, pintura, artes plásticas, audiovisual, imágenes de síntesis, son literalmente imágenes en las que no hay nada que ver, imágenes sin huella, sin sombra, sin consecuencias. Lo máximo que se presiente es que detrás de cada una de ellas ha desaparecido algo. Y sólo son eso: la huella de algo que ha desaparecido. Lo que nos fascina en un cuadro monocromo es la maravillosa ausencia de cualquier forma. Es la desaparición -bajo forma de arte todavía- de cualquier sintaxis estética, de la misma manera que en el transexual nos fascina la desaparición -bajo forma de espectáculo todavía- de la diferencia sexual. Las imágenes no ocultan nada, no revelan nada, en cierto modo tienen una intensidad negativa. La única e inmensa ventaja de una lata Campbell de Andy Warhol es que ya no obliga a plantearse la cuestión de lo bello y de lo feo, de lo real o de lo irreal, de la trascendencia o de la inmanencia, exactamente igual como los íconos bizantinos permitían dejar de plantearse la cuestión de la existencia de Dios -sin dejar de creer en él, sin embargo. Ahí está el milagro. Nuestras imágenes son como los íconos: nos permiten seguir creyendo en el arte eludiendo la cuestión de su existencia. Así pues, tal vez haya que considerar todo nuestro arte contemporáneo como un conjunto ritual para uso ritual, sin más consideración que su función antropológica, y sin referencia a ningún juicio estético. Habríamos regresado de ese modo a la fase cultural de las sociedades primitivas (el mismo fetichismo especulativo del mercado artístico forma parte del ritual de transparencia del arte). Nos movemos en lo ultra- o en lo infraestético. Inútil buscarle a nuestro arte una coherencia o un destino estético. Es como buscar el azul del cielo por el lado de los infrarrojos o los ultravioletas. Así pues, en este punto, no encontrándonos ya en lo bello ni en lo feo, sino en la imposibilidad de juzgarlos, estamos condenados a la indiferencia. Pero más allá de la indiferencia, y sustituyendo al placer estético, emerge otra fascinación. Una vez liberados lo bello y lo feo de sus respectivas obligaciones, en cierto modo se multiplican: se convierten en lo más bello que lo bello o en lo más feo que lo feo. Así, la pintura actual no cultiva exactamente la fealdad (que sigue siendo un valor estético), sino lo más feo que lo feo (el bad, el worse, el kitsch), una fealdad a la segunda potencia en tanto que liberada de su relación con su contrario. Desprendidos del «verdadero» Mondrian, somos libres de pintar «más Mondrian que Mondrian». Liberados de los auténticos naif, podemos pintar “más naif que los naif”, etc. Liberados de lo real, podemos pintar más real que lo real: hiperreal. Precisamente todo comenzó con el hiperrealismo y el pop Art, con el ensalzamiento de la vida cotidiana a la potencia irónica del realismo fotográfico. Hoy, esta escalada engloba indeferenciadamente todas las formas de arte y todos los estilos, que entran en el campo transestético de la simulación.En el propio mercado del arte existe un paralelo a esta escalada. También allí, al haber terminado con cualquier ley mercantil del valor, todo se vuelve «más caro que caro», caro a la potencia dos: los precios se vuelven desorbitados, la inflación delirante. De la misma manera que cuando desaparece la regla del juego estético éste comienza a corretear en todas direcciones, también cuando se pierde toda referencia a la ley de cambio, el mercado bascula en una especulación desenfrenada. Idéntico desbocamiento, idéntica locura, idéntico exceso. La llamarada publicitaria del arte está en relación directa con la imposibilidad de cualquier evaluación estética. El valor brilla en la ausencia del juicio de valor. Es el éxtasis del valor.Por tanto, actualmente existen dos mercados del arte. Uno de ellos sigue regulándose a partir de una jerarquía de valores, aunque éstos sean ya especulativos. El otro está hecho a imagen de los capitales flotantes e incontrolables del mercado financiero; es una especulación pura, una movilidad total que, diríase, no tiene otra justificación que la de desafiar precisamente la ley del valor. Este mercado del arte tiene mucho de poker o de potlatch, de space-opera en el hiperespacio del valor. ¿Debemos escandalizarnos? No tiene nada de inmoral. De la misma manera que el arte actual está más allá de lo bello y de lo feo, también el mercado está más allá del bien y del mal.
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lunes, 23 de marzo de 2009

CONSTRUCCIONAMIENTO INTERPENETRANDO
HOY 24 DE MARZO DE 2009
EL GOLPE DE ESTADO
DEL 24 DE MARZO DE 1976
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En algún repliegue de la negada resistencia deberá esconderse el insecto sin crisálida dado que hay un lento endurecer y un plano curvo sin sulfuración de intercambio ni remordimientos ancestrales posiblemente sea un blindex que preserve escarnio y aporreos de inteligencias desplegadas en las afueras donde la cárcel a la luz de la hecatombe cuece rojovioláceos magmas estratificando la escena mientras la justicia rocía pestilencias en las papilas cerebrales de un grupo cuantitativamente amorfo densos todos ellos como la visión de otros deshilachando las subjetivas esperanzas de rodillas ante un macho carismático ¡Praxinodermo! ¡Praxinodermo! gritan y al cabo de atemporal espera su nombre será el equinoccio alterado de tantas ignominias correlatando lo sabido en praxis de exterminos donde la sangre coagulada troca en vaho somnoliento que caduca inmediato al vencimiento de los gongs que ininterrupidos presentan el servicio de los amanueses históricos decretando quienes en numerológica designación marcharán al semiplano entre dimensiones tangentes temporalmente pero que al final con el estruendo consumatorio dividiran las partes correspondientes en la causa noble de llamar a cada cosa por su nombre o sea el limo de la personalidad se diluirá inconsistente en un acre olor ascendente formando luego una nube alcanzable al salto de una liebre con la mano desarticulada de quien pudo pero no quiso hacer lo que debía o sea la historia de tantos que con las anteojeras de su propia ideología en algún pliegue de la negada resistencia deberá esconderse el insecto sin crisálida dado que hay un lento endurecer y una nube alcanzable que caduca sin sulfuración de intercambio al vencimiento de los gongs que ininterrupidos presentan el servicio de la escena mientras la justicia rocía decretando que sea un blindex que preserve de los amanueses históricos el escarnio y aporreo de inteligencias desplegadas en las afueras donde la cárcel a la luz de la hecatombe cuece rojovioláceos magmas como la visión de otros deshilachando las subjetivas esperanzas de rodillas ante un macho carismático quienes en praxis de atemporal espera gritan ¡Praxinodermo! ¡Praxinodermo! y al cabo de una nube alcanzable su nombre será el equinoccio estratificando la escena de tantas pestilencias en la justicia que rocía su nombre en las papilas cerebrales de la causa noble y atemporal que espera de un grupo ascendente formando a posteriori con quienes tantas ignominias desarticulada con el olor al salto de una liebre se diluirá inconsistente en un acre cuantitativamente amorfo que caduca estratificando el equinoccio en las papilas donde la sangre de la personalidad será la justicia de un grupo alterado en vaho atemporal de un lento endurecer del insecto sin subjetivas esperanzas en la negada resistencia de llamar crisálida a cada cosa por la luz de la praxis o sea que con el limo se diluirá inconsistente en tantas ignominias correlatando lo sabido en la sangre que quiso hacer en vaho somnoliento con un olor acre ascendente de todos ellos sin remordimientos formando una nube alcanzable porque no quiso con las anteojeras de su propia mano de quien será la historia con su nombre por que gritan a través de su propia sangre ¡Praxinodermo! ¡Praxinodermo! y una nube en el equinoccio estratificando las papilas cerebrales de un grupo alterado correlatando exterminos donde la mano desarticulada de ideología rocía su nombre mientras somnoliento caduca en la causa noble de llamar ¡Praxinodermo! ¡Praxinodermo! quien sin remordimientos ancestrales entre dimensiones tangentes donde la cárcel de su propia sangre por su nombre correspondiente a cada cosa que en numerológica designación marcharán sin sulfuración al semiplano de la propia mano o sea la historia alcanzable que espera con el limo se diluirá un blindex que preserve alcanzable porque no quiso el insecto sin crisálida en algún repliegue de la negada resistencia.
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EN LAS
NOLUMBRAS
DEL SER
Para leer cliquee sobre la imagen
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viernes, 20 de marzo de 2009

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NOPREFANTE EN CALUGIA
ARBOREA
LOS RUMBOS
CO SINGANDO
Y
MITIGANTE
...

NUTRE

EL SIMPOSIO

...

PERO

TROVA LA REDILENCIA

CARQUIJONEANDO

EN SILBONANCIA

...

MAS

CANSONGUEANDO

DONOSO,

SIEMPRE AMANDO

SIEMPRE

....

¡zàn quiu Julius!

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jueves, 19 de marzo de 2009

de EL MITO DE SÍSIFO
LA CREACIÓN SIN MAÑANA
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"... la voluntad humana no tiene más finalidad que la de mantener la conciencia. Pero eso no se podría hacer sin disciplina.
La creación es la más eficaz de todas las escuelas de la paciencia y de la lucidez. Es también el testimonio trastornador de la única dignidad del hombre: la rebelión tenaz contra su condición, la perseverancia en un esfuerzo considerado estéril.
Exige un esfuerzo cotidiano, el dominio de si mismo, la apreciación exacta de los límites de lo verdadero, la mesura y la fuerza.
Constituye una ascesis. Todo esto "para nada", parece repetir y patalear.
Pero quizás, la gran obra de arte tiene menos importancia en sí misma que en la prueba que exige a un hombre y la ocasión que le proporciona de vencer a sus fantasmas y de acercarse un poco más a su realidad desnuda"
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Albert Camus
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martes, 17 de marzo de 2009

EL SECRETO
Para ampliar cliquee sobre la imagen

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domingo, 15 de marzo de 2009

EUTANASIA
A la memoria de J.L.Amieba
Sus gemidos se transformaron en súplicas de clemencia estrujándole el alma como un aullido desesperado. Sintió el postrer grito que obliga, al amante, a sustituir horror por decisión frente a la irreversible agonía del ser amado. Tomó la 9mm. Mientras balbuceaba su despedida, recordó las veces que, uno en el otro, sudorosos y jadeantes le agradecieron a la vida el tiempo que compartían. Tiró de la corredera. Lo inundó el olor al pasto y la belleza de su cuerpo acariciado en las últimas noches del presente estío. Apuntó a la frente y al recibir el agradecimiento de su mirada se detuvo un instante, respiró hondo y gatilló. Terminó con el sufrimiento de su yegua vieja.
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viernes, 13 de marzo de 2009

Comentario sobre unas bellas fotografías con títulos para lelos Como ovejas contaminando un mundo infecto de sí, nos diseminamos por el planeta en diáspora enloquecida de soberbias y autoafirmaciones que nos perfilan, indudablemente, como artistas. ¿Así que tienes el honor de poseer como miembro integrante de tu familia y propalador de la misma un ejemplar de esta incodificable e incómoda especie? Algo habrás hecho para merecer semejante experiencia....Y te lo tenías tan challadito. Y bueno en términos de imposiciones familiares no hay democracia posible ni esta boca es mía, así que te la aguantas y reconoces que el tío, las fotos que toma, son tan buenas como, a la inversa, desastrozos los títulos que les pone. Es como la redundancia degustativa de un imperial ruso: dulce sobre azúcar; me refiero a la empalagosidad de lo reiterativo. Coño, si me muestras una mujer que se ha quitado los zapatos y sin agregar más me la titulas "descalza" o la cara de otro al que nominas "rostro", pues te estás poniendo plomo, joer...o crees que si no es por tu lucidez no me entero que es eso? Está bien que todos los espectadores algo de ingenuos tenemos pues nadie mira nada con el ánimo lleno de prevensiones, prejuicios y apriorísticos rechazos por que así no habrá nada que te impregne el alma, pero de allí a confundir esa entrega inocente con estupidez de entendederas hay un salto cualitativo importante. Los títulos pueden ser, son, una excelente oportunidad para saber hacer uso, si bien no de la poesía (pretensioso sería, de mi parte, que la cualidad poética de un fotógrafo la tenga, además, en la literatura. Aunque, igual, que los hay...los hay) es una maravillosa oportunidad, digo, para agregarle algo más a lo que cuenta la imagen figurativa de una fotografía. Y sino le vas a agregar nada pues deberías callarte. Como le ha espetado, en histórico encuentro, vuestro rey al verborrágico venezolano. Las titulas, en caso necesario, con un S/T (sin título) que ratificará que una imagen habla más que cien palabras. Pero si me estampas en la retina un jarrón con flores y me pones “flores” o me tomas por gilipollas que no entiende nada o eres un simplón que estás para algún cachetazo de esos que te ubiquen y luego, para no quedarse acojonado, el maestro zen te pide disculpas por el exabrupto. Método acostumbrado en los monasterios para que tomes conciencia. Ahora, digo, si a esa imagen del florero me la titulas " Yeguas indómitas que frente a la magestuosidad inconclusa de un acto de amor renuncian a su salvajismo" me cago, amigo, le haces, al espectador que se mueva un poco más de la poltrona perversa en la que acomoda sus neuronas perezosas y concesivas. Le dices ¡Alerta, hombre! Que en la vida siempre hay algo más abajo de un plato de alubias, amén de una colección de pedos olorosos que no te cuento. Como esa famosa pintura de Magrite que luego robó, como idea Duchamps y otros tantos, donde pintada una pipa realista como una fotografía, y abajo le escribió "esto no es una pipa". Mira, cuando a mis alumnos no les salía nada al respecto de los títulos e insistían en ponerlos con la gracia de un : "mancha roja sobre fondo negro" siendo eso exactamente lo que se veía y habían hecho (hay que ver que resistencia se tiene con lo totalmente silencioso de lo abstracto y que ello te remita al vacío del "sin título") les hacía tomar un libro cualquiera y con los ojos cerrados pasar el dedo por la superficie de la hoja y detenerse, azarosamente, en alguna palabra. Una vez leída y asociada al cuadro daba para que se construyeran millones de miradas; era formidabe, cada quien algo distinto. Salían a volar con sus propios contenidos. O sea la obra de arte funcionando, ahora sí, como lo que debe ser: una impresión abierta y disparadora de otros mundos pues lo no dicho es lo que revela la cualidad primera y última de un poema, una pintura o una sinfonía... El espectador, parte de la misma obra, completa el mensaje haciendo de ella una porción de la escenografía donde su propia interioridad se revela como el más maravilloso tesoro y nó la obra que admiramos como una reliquia o un ídolo bruñido, nó, la verdadera joya y obra (la que opera, la que consuma la operación) es la experiencia que construye, dentro suyo, el que lo mira o escucha o hace de ella lo que pueda y quiera, no la materialidad que comerciamos, sino la revelación de la percepción , la sensibilidad que movilizó a que tú, ése desprevenido, caiga en la cuenta conciente de todo el universo que se le disparó motivado por ese agente externo que ya ha pasado a tu interioridad con la cualidad germinativa de un espermatozoide del alma. ¡Prénate! Te gritan desde todos los confines y tu, manso y receptivo dejas que te invada la semilla de tu nueva criatura. ¡Te has modificado, coño! Ya eres, por obra de ese maravilloso incidente, otro. Te inauguras, nuevo. Bueno dejaré el embriagante acohol del medio sueño porque moriré cirrótico de vigilia como tantos enloquecidos que en un momento de indigestión incomprensiva de un semejante ovino, le dice al fotógrafo en ciernes: levántate y anda.... Abrazos, voy a por mis pastillas y una taza de café que aún no he desayunado. SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS
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miércoles, 11 de marzo de 2009

CUMBIA VILLERA
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martes, 10 de marzo de 2009

SOBRE INFLUENCIAS COPIAS, PLAGIOS Y OTROS ENTUERTOS Ayer participé en el blog de Juan Cruz del diario El País con un comentario que reproduzco aquí porque lo quiero compartir con uds. dada la vigencia que tiene para todos. No voy a andar toqueteándolo mucho y de esa manera correr el riego de deformarlo en un híbrido intragable, prefiero hacer la aclaración que el post mencionado del escritor español, titulaba “Con la que se está cayendo” que parece ser una típica muletilla de uso cotidiano como consecuencia de la crisis que está experimentando España actualmente. Luego, y lo que me pareció el tema central, mencionaba un encuentro de escritores del que había participado el día anterior y donde se había tratado el tema de la construcción de cultura, las influencias y el impacto de otros ecritores en la obra de los panelistas quienes, en una suerte de confesión, llegaron a visualizar todas las "vampirizaciones" posibles como una realidad que, por fáctica, debería aceptarse. Mi comentario es el siguiente: De entre los términos que el posmodernismo impuso hace unos años, tan en boga como el uds. actualmente de “con la que se está cayendo” es el concepto de la “apropiación”, como si la influencia, la sucesión y hasta el mimísimo plagio o robo (descarado o nó) fueran fenómenos de uso solamente en la actualidad y para ello hubiera que rebautizarlos utilizando, a ese efecto, al sesudo término de “apropiación”. El que, mencionado con el entrecejo curvado y con cara de in telectual encaramado en sapiencia, le otorgaría algunos visos de legalidad y legitimidad. Al término y al intelectual, claro. Ya sabemos que “el todo vale” actual, por promiscuo, precisa de algunos justificativos que lo maquillen un poquitín y lo presenten, minúsculamente digerible, en una sociedad no demasiado cuestionadora de métodos y afines. O sea que lo que en un pasado mas moral era excepción hoy día se ha transformado en norma. Bien. La cuestión radicaría en el calificativo que acompañe al de apropiación, o sea saber si esta acción es “debida” o “indebida”. Lo expongo así para que nos aclare y oriente la terminología leguleya. Y allí, en esta definición, es donde se nos embarra la cosa pues en tiempos de dominantes dubitativos, quién podrá decir con solvencia y credibilidad: -¡Hete aquí un límite infranqueable! ¡Esto, es indebido! Es que el mote de fascista se lo come, de una, como que dios ha muerto (según Nietszche, obviamente). Por eso me cae mucho más simpático el zoofílico término de vampirismo que nos remite desde un lugar tan generalizado e imposible de soslayar como es la necesidad del alimento. Sobretodo si uno se dedica a realizarlo por la vía de la succión del circulante venoso de algún semejante sin por ello producirle la muerte, a menos que uno sea un guloso de aquellos y lo finiquite al pobre con inmediatez y sin conmiseración alguna. Eso seguro estará mal visto. Es que todos sabemos que en cuestión de poco tiempo el organismo de cualquier mamífero humano repone la cantidad de sangre extraída a los efectos que fuera y, como gesto colateral, al expoliado, se lo ubica en la inmejorable posición altruista de un magnánimo donante. No ocuriría lo mismo en el caso más extremo de la antropofagia o canibalismo donde ya, sí, el pobre inmediato se vería conminado a ausentarse de este mundo de un solo gesto y a un mismo propósito. Por eso, bien distinto es un poco de hemofagia que hacer uso en pleno de la masa cárnica del semejante. Una cosa es saber succionar el néctar vivificante de un libro y otra manducarse en pleno las obras completas. Por eso soy de los adeptos a utilizar el simpatiquísmo término vampirización con la reiteración que fuera necesaria para transformarlo en muletilla y que así se incorpore, sin cuestionamientos, al decir contemporáneo. Nada difícil de conseguir en sociedades acríticas y altamente miméticas. E insisto muchísimo más, después de haber leído las excepcionales ponencias de nuestros amados: el vampiro mayor autor del artículo sobre el vampirismo cultural y del exégeta de la hemofagia el bloguero Joseca. En realidad voy a permitirme colegir que “la que se está cayendo” y sobre todo occidente es la permisividad para chuparle la sangre a quien te guste sin tener que mediar aviso previo, ni como era buena costumbe antaño, tener que chuparle un buen rato las medias para que, el envidiado escritor, se tragara aquello de: - Maestro, profeso por ud. una incontenible "influencia admirativa"-. Salud blogueros y a limpiarse los caninos que, según parece, están goteando en demasía. XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

lunes, 9 de marzo de 2009

TABRA LUENGA

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viernes, 6 de marzo de 2009

LO LEJANO Y LO PLENO
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Arte, filosofía y teología en Walter Benjamin Esteban Ierado “Dominar, poseer, acumular, ostentar y reír es lo que complace al vientre del capital. La satisfacción del poder aplasta girasoles, tritura semillas radiantes ya antes de su florecer Pero la hierba y las piedras, los mares y las montañas, recibieron alguna vez la luz de una extrema fuerza creadora. A pesar del velo oscurecedor, algo queda de la radiación inicial de las cosas y los seres. Algo aún centellea Ver los destellos del jardín perdido entre el desierto. Coleccionar los destellos de una intensidad sobreviviente. Pensar desde la palabra que sabe que su dignidad superior no es la clasificación, la descripción de la ley matemática, o las definiciones de lo histórico más gratas para el poder triunfante.”
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miércoles, 4 de marzo de 2009

DEMASIADA
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lunes, 2 de marzo de 2009

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SIN PALABRAS XZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZXZX